Las redes afectan a las personas de diferentes edades

por | 26 Sep, 2020 | No Tics | 0 Comentarios

El documental “The social dilemma” plantea cómo las plataformas saben todo lo que hacemos y lo usan como moneda de cambio.

Parece un capítulo de Black Mirror, la serie distópica que plantea futuros no tan lejanos. ¿El problema? Se trata de la vida real, de lo que sucede ahora con las redes sociales y cómo manipulan a los usuarios para mostrarles lo que quieren ver, convertirlos en adictos y, por supuesto, monetizarlos en el camino. La tecnología que nos conecta también nos controla.

El dilema de las redes sociales (The social dilemma) es un híbrido entre documental y película sobre el crecimiento, el control y el abuso sin límite de estas plataformas, dirigido por Jeff Orlowski. Cuenta con entrevistas a referentes de la industria, de gigantes como Google, Facebook, Twitter, Instagram y Pinterest.

Muchos ejecutivos de estas empresas ahora se muestran arrepentidos de lo que hicieron, como Justin Rosenstein, uno de los cocreadores del botón “me gusta” en Facebook, que afirmó que al inventarlo pensaban “que era una buena forma de mostrar lo positivo del mundo y no que la gente se iba a deprimir por la interacción en las redes”.

En la parte dramática, actuada, se muestra a una familia “común y corriente”, en la que una preadolescente se desvive por conseguir likes y se desespera si no puede usar el celular. Y un adolescente estudiante de secundaria es víctima de la manipulación de las redes para revisar notificaciones y ver contenido pensado especialmente para él, con un satírico “Extreme Center”, (o “Centro Extremo”, algo así como nuestra local “Corea del Centro”), que demuestra cómo estas plataformas buscan a la gente afín a cualquier idea, incluso algunas insólitas como el terraplanismo.

Aunque el documental no revele grandes verdades, es una buena forma de entender el mundo en el que vivimos actualmente. La parte de ficción, si bien de forma un poco burda, es lo suficientemente gráfica para demostrar cómo las redes o las diferentes plataformas afectan a las personas de diferentes edades o perfiles.

Aunque pueda parecer que una plataforma es igual para mi, para mi pareja, para mis padres o para un amigo, lo cierto es que son completamente diferentes. ¿La clave? Las tecnológicas saben más de nosotros que nosotros mismos, y nos “venden” el contenido que creen que nos puede gustar más.

Uno de los ejemplos más claros es una búsqueda en Google. Si ponemos “el cambio climático” podremos recibir información sobre las causas, las consecuencias, cómo afecta a las personas… O si la plataforma cree que se adapta mejor a nuestra manera de pensar, podremos recibir información sobre temas como que “es un mito”, “no existe” o “es un invento de cierto sector de la población”.

“Yo recomiendo siempre como ejercicio hacer la misma búsqueda en Google, en Bing, en Yahoo, pero también DuckDuckGo, Yandex o alguna otra plataforma. Ese ejercicio le muestra a la gente las diferencias entre lo que cada empresa elige mostrarnos”, explica Javier Lombardi, Mentor Educativo de Argentina Cibersegura.

Algo parecido, pero de diferente forma, pasa con redes sociales como Facebook o Instagram. Aunque compartamos miles de amigos, la plataforma nos mostrará contenido con el que cree que interactuaremos más. De esa forma, la aldea global pasa a ser lo más reducida posible, donde veremos principalmente posteos de gente que opina igual que nosotros y recibiremos videos, fotos y posteos de grupos que, sabiendo nuestras inclinaciones, buscarán llevarse nuestra atención y nuestros clicks, generando una “cámara de eco” donde las únicas opiniones que oímos son las afines.

Las plataformas lo saben todo. Qué fotos te gustan más, en qué video frenaste más tiempo o si volviste a stalkear el perfil de tu ex. Quizás una buena oportunidad para que una red de citas promocione su servicio.

La frase ya está quemada, pero vale la pena repetirla. “Si no pagas por un producto, el producto sos vos”. Pero en El dilema de las redes sociales, el concepto va un poco más allá.

“Muchos piensan que Google es un cuadro de búsqueda, o que Facebook es donde veo lo que hacen mis amigos y veo sus fotos. Lo que no se dan cuenta es que están compitiendo por su atención”, resume Tristan Harris, presidente de cofundador del Center for Humane Technology, que trabajó en ética del diseño para Google. “El modelo de negocios de estas empresas es mantener a la gente en las pantallas”, agrega.

Los que pagan, por supuesto, son los anunciantes, que buscan nuevas formas de llegar a los consumidores.

“Esto no es ingenuo, detrás de esto hay un negocio y la idea es que cada vez estemos más atraídos por las redes sociales y que cada vez consumamos más”, explica Laura Jurkovsky, psicóloga especialista en adicción a las tecnologías.

“El producto es el cambio gradual e imperceptible que sufre tu conducta y tu percepción. Ese es el único producto posible”, agrega Jaron Lanier, padre fundador de la realidad virtual. “Es lo único que ellos tienen para ganar dinero, cambiar lo que haces, cómo piensas, quién eres”, sentencia.

El documental de Netflix no incluye a la plataforma creada por Reed Hastings, que también busca lo mismo: captar la atención de las personas la mayor cantidad de tiempo posible.

Antes los videojuegos competían contra otros desarrolladores, las series de un canal contra las de otros y así. Hoy, en realidad, todas compiten por lo mismo: el tiempo de las personas. Por algo Hastings explicó que para él los principales rivales de su plataforma no son HBO o Amazon, sino “el sueño” o, dicho en otras palabras, lo que la gente hace con su tiempo libre.

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